…Entonces, me detuve de pronto a observar, ese bosque abarrotado de arboles de distintas especies, perfectamente plantados uno al lado del otro formando algo difícil de explicar, el centro era de un verde intenso, y a medida que me iba alejando podía ver como los arboles se iban volviendo mas y mas amarrillos. Me seguí alejando, y descubrí que su mirada era tan intensa, tanto poder había en ese bosque que se dibujaba en sus ojos, y que a simple vista se notaban tan tristes, como lo era el momento mismo.
Allí estaba ella, mirándome de lejos, con lagrimas en los ojos, intentando decirme quien sabe que.
Recuerdo que era una rubia despampanante, tenía un caminar atractivo, sus labios eran finos. Su presencia era difícil de ignorar, las cabezas de los muchachos del barrio, volteaban al verla pasar. No era la primera vez que la veía, pero desde la última vez había pasado ya mucho tiempo.
Fue una tarde, había salido a hacer unos trámites al banco de la ciudad, recuerdo que el cielo estaba gris, casi negro. Vale aclarar, que no era uno de mis mejores días, ya la mañana había arrancado con el pie izquierdo, el agua de la ducha que salía a temperaturas bajo cero, el dedo meñique de mi pie derecho no tuvo mejor idea que chocarse con la pata de la cama, y Sam (adorable gatito) eligió como lugar para defecar, mis zapatos de trabajo. Me resigne a que el día iba a seguir igual de trágico, la mufa que arranco acompañándome esa mañana no se me iba a ir tan solo así como así.
Junto a mi compañera, rezando para que un auto no me pasara por arriba, decidí salir a la calle, unos metros antes de llegar al banco, la veo, venia hacia mi, con la mirada un poco perdida y una sonrisa esplendida, me sorprendió que no se desplazara hacia ningún costado para esquivarme, solo ella sabía lo que estaba sucediendo dentro de esa cabeza, me golpeo sin darse cuenta con todo su lado izquierdo, disculpas me pidió, me pregunto mi nombre, Esteban le dije y siguió su camino. Su sonrisa fue mágica, sentí que ya la mufa no me acompañaba, y que mi día había dado un vuelco positivo.
En todos estos años que han pasado, jamás pude olvidar esa sonrisa. Ahora la veía ahí, sentada al borde de un puente, mirando hacia el horizonte, con su mirada triste, estaba en una posición de dolor, su espalda encorvada, las manos rodeaban sus piernas que estaban pegadas a su pecho, su mentón apoyado en las rodillas. El maquillaje que en algún momento se encontró embelleciendo su rostro ahora recorría un camino largo y sinuoso sobre sus mejillas, su pelo rubio había sido atacado por una tijera que se deshizo de él dejando poco y nada, su vestimenta rara de un color negro oscuro daba miedo, un cigarrillo se consumía en su boca y parecía no importarle.
Un hombre que no logre distinguir, se le acerco e intento abrazarla, ella solo atino a rechazarlo. ¿Quién era ese hombre? ¿Cómo se atrevía a hacerle tanto mal?. Los gritos de ella, ahuyentaban a las palomas que andaban revoloteando por el parque, el dolor que expresaba con sus gestos era terrible!
Lo último que le escuche decir fue: “ Ya no se qué hacer con todo esto, con vos, con él, con el mundo entero, con mi vida, con mis sentimientos. No estoy preparada para volar papá, pero tampoco me siento capaz de poder seguir a tu lado, ni al de mamá. Se me hace imposible olvidar tanta violencia.”
Se dio vuelta, y salto al vacío. El hombre se quedo ahí, llorando, gritando, lleno de impotencia.
Son cosas que uno nunca olvida. Comprendí, que ella estaba intentando decirme de alguna manera, que la salvara.
No tenemos una bola de cristal, a veces no nos damos cuenta. Y es ahí donde pasan, cosas como estas.
Esa imagen quedo tan grabada en mí, como cuando me sonrió con tanta alegría y tan llena de vida. Quise entender porque esa medida tan drástica había decidido tomar, nunca encontré respuesta para tal interrogante.
Jamás volví a ver un bosque como ese, en los ojos de ninguna otra persona.”…
Allí estaba ella, mirándome de lejos, con lagrimas en los ojos, intentando decirme quien sabe que.
Recuerdo que era una rubia despampanante, tenía un caminar atractivo, sus labios eran finos. Su presencia era difícil de ignorar, las cabezas de los muchachos del barrio, volteaban al verla pasar. No era la primera vez que la veía, pero desde la última vez había pasado ya mucho tiempo.
Fue una tarde, había salido a hacer unos trámites al banco de la ciudad, recuerdo que el cielo estaba gris, casi negro. Vale aclarar, que no era uno de mis mejores días, ya la mañana había arrancado con el pie izquierdo, el agua de la ducha que salía a temperaturas bajo cero, el dedo meñique de mi pie derecho no tuvo mejor idea que chocarse con la pata de la cama, y Sam (adorable gatito) eligió como lugar para defecar, mis zapatos de trabajo. Me resigne a que el día iba a seguir igual de trágico, la mufa que arranco acompañándome esa mañana no se me iba a ir tan solo así como así.
Junto a mi compañera, rezando para que un auto no me pasara por arriba, decidí salir a la calle, unos metros antes de llegar al banco, la veo, venia hacia mi, con la mirada un poco perdida y una sonrisa esplendida, me sorprendió que no se desplazara hacia ningún costado para esquivarme, solo ella sabía lo que estaba sucediendo dentro de esa cabeza, me golpeo sin darse cuenta con todo su lado izquierdo, disculpas me pidió, me pregunto mi nombre, Esteban le dije y siguió su camino. Su sonrisa fue mágica, sentí que ya la mufa no me acompañaba, y que mi día había dado un vuelco positivo.
En todos estos años que han pasado, jamás pude olvidar esa sonrisa. Ahora la veía ahí, sentada al borde de un puente, mirando hacia el horizonte, con su mirada triste, estaba en una posición de dolor, su espalda encorvada, las manos rodeaban sus piernas que estaban pegadas a su pecho, su mentón apoyado en las rodillas. El maquillaje que en algún momento se encontró embelleciendo su rostro ahora recorría un camino largo y sinuoso sobre sus mejillas, su pelo rubio había sido atacado por una tijera que se deshizo de él dejando poco y nada, su vestimenta rara de un color negro oscuro daba miedo, un cigarrillo se consumía en su boca y parecía no importarle.
Un hombre que no logre distinguir, se le acerco e intento abrazarla, ella solo atino a rechazarlo. ¿Quién era ese hombre? ¿Cómo se atrevía a hacerle tanto mal?. Los gritos de ella, ahuyentaban a las palomas que andaban revoloteando por el parque, el dolor que expresaba con sus gestos era terrible!
Lo último que le escuche decir fue: “ Ya no se qué hacer con todo esto, con vos, con él, con el mundo entero, con mi vida, con mis sentimientos. No estoy preparada para volar papá, pero tampoco me siento capaz de poder seguir a tu lado, ni al de mamá. Se me hace imposible olvidar tanta violencia.”
Se dio vuelta, y salto al vacío. El hombre se quedo ahí, llorando, gritando, lleno de impotencia.
Son cosas que uno nunca olvida. Comprendí, que ella estaba intentando decirme de alguna manera, que la salvara.
No tenemos una bola de cristal, a veces no nos damos cuenta. Y es ahí donde pasan, cosas como estas.
Esa imagen quedo tan grabada en mí, como cuando me sonrió con tanta alegría y tan llena de vida. Quise entender porque esa medida tan drástica había decidido tomar, nunca encontré respuesta para tal interrogante.
Jamás volví a ver un bosque como ese, en los ojos de ninguna otra persona.”…
"Cuando me miras, me sumerjo en ti y te conviertes en el mundo, el sistema solar y el universo.
De pronto, todo gira en torno a ti, como si fueras mi sol y yo tu satélite."

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